lunes, 14 de febrero de 2011

Candide de Voltaire o el Viaje como alegoría del crecimiento humano


Aimer-la-Littérature

La intención de estas líneas es la de razonar cómo el viaje tanto geográfico, vital, e intelectual del protagonista de la obra Candide ou l’Optimisme de Voltaire puede leerse como una tesis filosófica en la cual se propone la realización del ser humano como individuo a través de la experiencia del viaje.

Según Platón, la condición para que el ser humano alcance la virtud y por lo tanto, mejore su cualidad humana, viene supeditada al hecho de que el hombre es un zôon politikon, es decir, un ser necesitado de otras personas para poder desarrollarse como tal y no en el ascético distanciamiento del mundo. Muchos modos hay para alcanzar esta virtud dirá nuestro filósofo griego y el Eros o Amor será uno de ellos, capaz de elevar el alma utilizando el símil de una peregrinación iniciática en etapas, hasta la contemplación del Amor perfecto, entendido como el conocimiento preciso de las cosas.

Y es a través del viaje al que se verá lanzado por causa del amor a una mujer, como el joven protagonista de Candide ou l’Optimisme, aprenderá que probablemente, éste no sea “el mejor de los mundos” y de que sólo el esfuerzo personal y conjunto (como vemos en el último capítulo) y no una actitud de resignada e ingenua pasividad puede darles la felicidad perdida.


El cuento, como género literario y como instrumento para la transmisión de enseñanzas y tradiciones ya será utilizado en Oriente Medio (uno de los mejores ejemplos estará representado por la historia de Las mil y una noches preñada de viajes y simbolismo y que será traducida al francés en el siglo XVIII). Voltaire fiel al ideal de la Enciclopedia de realizar un trabajo pedagógico, nos presentará de este modo, un cuento estructurado en pequeñas historias concatenadas al igual que el cuento oriental, donde los personajes entran y salen en la vida del protagonista y donde el humor, fino y de un agudo sarcasmo será un medio de desenmascarar la ilusión y llegar a la verdad.

El joven Candide iniciará su itinerario cuando, descubiertos sus amores con Cunégonde, la bella hija del señor barón de Thunder-ten-tronckh, es expulsado del castillo donde había vivido protegido y ajeno al mundo exterior. Candide representa la blanca inocencia (como su nombre lo revela: cándido1 ) en la que el alma se encuentra previa a su expulsión del paraíso terrenal. No en vano, es expulsado por un delito de desobediencia pues a un hombre de su humilde condición no le está permitido gozar de la manzana prohibida, aunque en este caso se trataría no del conocimiento intelectual, sino del carnal.

Como compañeros de viaje llevará consigo, el tenaz propósito de volver a encontrar a su amada una vez descubra que sigue viva y el recuerdo de las enseñanzas de su maestro el filósofo Pangloss, que se resumirán en la frase «todo está bien porque este es el mejor de los mundos»; sin embargo Candide no encuentra nada que lo corrobore.

Candide, al igual que otro personaje de la literatura como Simplicius Simplicissimus, protagonista de la obra alemana de Hans Jakob Christoffel Grimmelshausen Der abenteuerliche Simplicissimus (1669), asistirán al devenir de la historia en medio de guerras cruentas y oscuridad moral en contra de la razón y los ideales de los cuales, la Europa de las Luces se quería representante.

De este modo las aventuras, o quizá sería mejor decir, las desventuras de Candide le enseñarán que el mayor mal vendrá del fanatismo y la ignorancia de aquellos que, en nombre de Dios o en nombre del poder, se erijan jueces y verdugos de la vida.

Del bello jardín de su perdido castillo, Candide pasará a la exuberante naturaleza de El Dorado, un territorio donde paradójicamente, el salvaje resulta ser más humano y cuerdo que los ilustrados europeos. Sin embargo no hemos de pasar por alto que este El Dorado no es mas que la Utopia de Thomas Moore, pues como señala acertadamente William F. Bottiglia en su obra Candide’s Garden «Eldorado is negative in the sense that it is a myth, perfect and unreal (2)».

Es en esta parada cuando Candide vuelve a renovar su optimismo y reemprende su viaje de vuelta a Europa en la confianza de volver a encontrar a Cunégonde en Venecia acompañado esta vez de Martin, un anciano que ha perdido la esperanza en el mundo y para quien la vida «es una continua guerra»(3) , que constituye pues, la cara opuesta de Pangloss.

Tras nuevas desventuras, encuentros y desencuentros es por fin en Constantinopla, en los jardines del turco, donde vuelven a reunirse los protagonistas y donde Candide por fin halla a Cunégonde, quien ya no es la bella joven de la que estuviera idílicamente enamorado. Pero la vida sigue, Candide decide casarse con ella y entre todos intentan buscar su felicidad a través de su propio trabajo, cosa que finalmente consiguen. De lo cual Pangloss se reafirmará en su presunción de que «todos los sucesos están encadenados en el mejor de los mundos posibles pues si no hubiera sido por todas las desgracias por las que tuvo que pasar Candide no estaría comiendo cidras en dulce y alfóncigos», a lo que Candide demostrando tener mas luces que en el inicio de su viaje añadirá que también «es menester cultivar nuestro jardín». Obras son amores y no buenas razones y sólo el cuidado del jardín o huerto interior de cada uno puede dar los frutos deseados.

No es, pues, a través de la simple lectura de los libros de filosofía o ciencia o, a través de la creencia religiosa ciega y enfermiza basada en dogmas ajenos a la razón, que el crecimiento personal y el verdadero conocimiento de las cosas se adquieren, sino por mímesis, es decir a través de la vida misma, a través del contacto con el otro y del esfuerzo personal, dejando atrás la desidia y la pasividad tan contrarias a los ideales de la época de Voltaire. Es el viaje de la vida lo que posibilita y desvela lo que es uno mismo, como escribirá Denis Gril en su introducción a la traducción de la obra Le dévoilement des effets du voyage de uno de los grandes maestros de la mística, Ibn ‘Arabî,

« Selon Ibn ‘Arabî, le propre du voyage (safar, pl. asfâr) est d’aboutir à un résultat ou un effet (natîja, pl. natâ’ij). On aurait pu aussi traduire natâ’ij par “fruits”, d’une part pour souligner le caractère positif du résultat, d’autre part parce que ce terme évoque, par sa racine, l’idée de parturition. Le voyage doit donc porter ses fruits spirituels, indiqués à la fin de chaque chapitre. Cette nécessité se trouve inscrite dans la racine du mot safar qui comporte également le sens de dévoilement (isfâr), ce qui permet au titre de jouer à la fois sur le sens et l’assonance. Un adage cité aussi bien dans le Kitâb al isfâr que dans les Futuhât l’explicite : «le voyage est appelé ainsi parce qu’il dévoile (yusfiru) les caractères des hommes.(4)»

El Jardín del Paraíso, como escribió Voltaire en su obra Le Mondain no hay que buscarlo en el más allá ni en un mundo utópico, sino que «le paradis terrestre est où je suis.(5) » .






(1) Candidato procede del latín candidatus ‘el que viste de blanco’, derivado del verbo candere ‘ser blanco’, ‘brillar intensamente’, voz con la que se designaba en Roma a quienes se presentaban como aspirantes a cargos públicos. En el ritual político romano, los candidatos debían cambiar su habitual toga por una túnica blanca (candida) con la que se exhibían públicamente para manifestar la pureza y la honradez esperables en los hombres públicos.



Candere procede de la raíz indoeuropea kand- o kend- ‘brillar’, de la cual se han derivado palabras tales como candelabro, candente, candela, cándido, incandescente, incendio, etcétera. Fuente: http://www.elcastellano.org/palabra.php?q=candidato
(2) Bottiglia, William F. Candide’s Garden, PMLA, Vol. 66, N. 5 (sep., 1951), pg. 727 disponible en http://www.jstor.org/stable/459532
(3) p. 409, Cap. XXII
(4) Ibn ‘Arabî Le dévoilement des effets du voyage, Éditions de l’éclat pag. IX Introduction

(5) Disponible en http://www.litterales.com/fiche_texte__id-161-Le%20Mondain.html




BIBLIOGRAFÍA :

- Voltaire, Candide ou l’optimisme, Erasmo textos bilingües, Bosch, Barcelona, 1982

- Jean d’Ormesson, Une autre histoire de la littérature française, Nil édition, Paris, 1997, pp. 125-130, 137-143

- Bottiglia, William F., Candide’s Garden, Modern Language association, PMLA, Vol. 66, N. 5 (sep. 1951) pp. 718-733 disponible en http://www.jstor.org/stable/459532



1 comentario:

C.G. Aparicio dijo...

El CÁNDIDO de Voltaire siempre ha sido un libro que me ha maravillado y cada vez que lo releo me sorprende más.

Muy buena síntesis de la esencia de tan magnífica obra.

Un saludo.