lunes, 6 de junio de 2011

Sobre los ángeles y espíritus afines (2) Especulaciones personales

El sacrificio ritual y su simbología en la escatología zoroastriana
1ª Parte

Introducción



Una de las primeras dificultades a la hora de estudiar cualquier hecho del pasado es sin lugar a dudas encontrar unas fuentes escriptuarias o arqueológicas que nos brinden información razonablemente fidedigna y completa. El problema se acrecienta cuando hablamos de culturas ágrafas que han basado la transmisión de su conocimiento en la tradición oral.

Ante lo cual cabría también plantearse la pregunta de si el pasado es una construcción subjetiva, resultado de la visión y el lenguaje del ser humano, hijo de su tiempo y por lo ello imposible de ser conocida con certeza.

A ello hay que añadir que desde los inicios del siglo XIX y principios del XX los estudios realizados en Europa se basaron en gran parte en la filología, pero también en una visión de la historia cuyo paradigma era su propia cultura, por lo que el fuerte trasfondo y lenguaje cristiano marcaron su lectura e interpretación de las llamadas tradiciones “orientales”.

A pesar de ello, intentaremos desarrollar en estas páginas, en la medida que nuestros conocimientos y fuentes nos lo permitan, un trabajo de reflexión sobre el sacrificio y su repercusión en la escatología zoroastriana o mejor dicho del Mazdaiiasna[1].



1. La primera fuente conocida

El Avesta (Abastāg en época sasánida), es a la vez libro sagrado del zoroastrismo y su fuente más antigua, su datación no puede fijarse con certeza pero parece remitirnos hacia el 2000 a.C. siendo por lo tanto, contemporánea de los Vedas de la India. Consiste en una recopilación realizada entre los siglos IV y VI d.C. de textos (los mas antiguos escritos en lengua avéstica, de ahí su nombre) datados en diferentes épocas.

Los textos mas antiguos lo constituyen las GāӨās o Cantos, en un dialecto más arcaico, atribuidos por la tradición a ZaraƟuštra y que constituyen una mínima parte de toda la colección que conformaba el Avesta, los textos más recientes son aquellos incluidos en la literatura pahlavi bajo el poder califal islámico y al cual llamaremos Avesta Reciente, Dēnkard, o Gran Avesta.

Desafortunadamente tampoco se dispone de ninguna versión completa del Avesta y los textos centrales son pocos e incompletos, quedando solo un fragmento de la oración avéstica más importante, el aəm vohū.

2. La autoría

Otro punto de importancia ha sido el cuestionamiento del papel de ZaraƟuštra. Desde el siglo XIX se le identificará como autor del Avesta Antiguo y como reformador religioso; pero no hay prueba fehaciente de su existencia histórica ni las fuentes hablan de ninguna reforma, tampoco se menciona en el Ṛg-Veda, texto con el que el Avesta comparte muchas cosas. La citación repetida de un dios al que se llama Ahura, Mazdā, o Mazdā Ahura y el rechazo del culto a los daēuua, (correlato avéstico del término védico devá “celestial, dios") serán entendidas como resultado de su reforma religiosa.

Así que, es solo a partir del Avesta Reciente que se asocia a ZaraƟuštra con los textos más antiguos y relevantes para el culto (las GāƟās) y las principales fórmulas sagradas, en cuanto a su posible existencia histórica, será en época aqueménida cuando se construya su entrada en la historia de la mano de la creación de una cosmogonía ajustada cronológicamente tal como señalará Kellens.

En todo caso lo que si ha quedado demostrado es  que la figura del autor de los textos del Avesta antiguo se corresponde con el del poeta del Ṛg-Veda cuyos himnos, los c, son compuestos por el poeta que se designa a sí mismo como zaotar.

3. ¿Qué es el Zoroastrismo?

Sus orígenes geográficos parecen situarlo en el territorio que abarcan actualmente Afganistán, Uzbekistán y Taijiskistán, y las continuas correspondencias con el vedismo que encontramos en los textos podrían señalar sino hacia un origen común si a la evolución de una rama del mismo en el sustrato indoiranio.

« .. des Aryens iraniens qui, las d’errer constamment, s’établirent comme agriculteurs à l’époque où l’on composait encore les hymnes védiques dans les plaines de l’Asie centrale. Ce nouveau mode de vie, et la stabilité de l’institution de la propriété qui  en découla pour les colons, furent cause de la haine que leur portèrent les autres tribus aryennes qui ne s’étaient pas encore défait de leurs habitudes nomades primitives, et qui à l’occasion pillèrent leurs parents plus civilisés. » [Muhammad Iqbal, Le dualisme persan en La métaphysique en Perse]

Se ha discutido sobre la dualidad o no del zoroastrismo, el dios por excelencia es Ahura Mazdā pero convive con otros dioses a quienes supera en los tres niveles temporales: pasado (cosmogonía), presente (culto), futuro (escatología). El posible dualismo se debe a la oposición que en el Avesta Antiguo aparece entre aa  y druj, es decir la “Verdad-Orden” frente a “Mentira-Caos” pero su interpretación exacta es controvertida. La reforma de ZaraƟuštra supondría la reinterpretación en términos morales de la ritualista religión indoirania; sin embargo las últimas investigaciones apuntan hacia lo contrario de modo que la triada “buen pensamiento, buenas palabras, buena acción” corresponderían en todo caso a las etapas del rito y no al ámbito de la ética.

El zoroastrismo parece asociado desde el principio a una cierta soteriología de todo el universo. Aunque no se sabe a ciencia cierta cuando la historia pasa a ser vista lineal y telelológicamente, pueden rastrearse algunas señales en el Avesta Antiguo y ya en el Avesta Reciente.

4. El papel del Yasna o sacrificio: su repercusión escatológica y simbolismo

El gran ritual zoroástrico es el Yasna “sacrificio” o “ceremonia” (cfr.véd yajñá-)[2].

La información que ofrecen los textos del Avesta Antiguo, incluidos los de carácter litúrgico, sobre la acción litúrgica es escasa. No obstante en el Avesta Reciente encontramos una mayor información, concretamente en el Vīdēvdād y el Nērangestān.

La celebración ritual o el sacrificio tienen un papel central en el zoroastrismo, ya que escenifica y revive el mantenimiento del orden del mundo mediante el estricto mantenimiento del orden sacrificial, el espacio sacrificial es una representación simbólica del universo, siempre amenazado por algún posible error en su ejecución.

La palabra, el himno sagrado, ocupa un papel fundamental. Las palabras reproducen verbalmente el orden oculto de las cosas[3], igual que ocurre con la acción ritual, los correctas combinaciones de dos miembros y su expresión tanto verbal como ritual se conocen como *ta.

Como dijimos en el punto 2 sobre la autoría del Avesta, el personaje de ZaraƟuštra se identificaba con su homólogo védico el zaotar. No obstante existe una diferencia entre ambos probablemente por cuestiones de carácter filológico. Mientras el poeta védico “contempla” sus himnos enviados por los dioses como una visión (dhiyam dhā- dar pensamientos o presentar visiones), La revelación de Ahura Mazdā a ZaraƟuštra es esencialmente oral y por lo tanto, el receptáculo es el sentido de la “escucha”. ZaraƟuštra le ruega que le “diga” la verdad, es decir la formula verdadera (dstuum, es una palabra muy importante en el zoroastrismo, dstuuā es un derivado de la raíz irania *Dans (دادن ), enseñar, pero designa la “enseñanza” de un saber especial.

En indio la acepción de pensar se ha impuesto en los derivados de la raíz, en iranio permanecen ambos sentidos prevaleciendo la acepción de “ver” (verbo pahlavi ديدن)[4]. En avéstico reciente significa “religión” como sistema de creencias y prácticas.

Como dijimos el lugar en el que se va a realizar el sacrificio, una vez delimitado, se convierte en representación del mundo. En el sacrificio se reproduce y se contribuye al mantenimiento del aa, el orden universal verdadero. El encargado de ello es en la tradición irania sraošā.varəz; en la India en la tradición védica es el brahmán. Cada sacrificio que se celebra se mueve en un triple marco temporal: el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo. Cada sacrificio marca individualmente una historia cíclica pero apunta colectivamente hacia un futuro final.

En el plano del presente, el sacrificio supone un intercambio de dones con los dioses que repercutirá en una doble recompensa para el sacrificante: una en el tiempo presente y otra en el futuro ya que el alma del toro sacrificado como sustituta del alma del sacrificante  contribuye por un lado a la inmortalidad de los dioses y por otro lado, el recorrido que efectúa esta alma por el camino del sacrificio hasta los dioses anticipa el camino que el alma de los hombres recorrerá al morir hacia el Paraíso. La daēnā o conciencia religiosa  como parte especializada del alma del sacrificante, acompaña al alma del toro en su viaje celestial y es la daēnā la que a la hora de la muerte también acompañará y ayudará al alma del difunto en el mismo viaje. El camino de la muerte es al mismo tiempo el camino de los dioses y el de la verdad y es a su vez, el mismo camino que recorren los dioses para acudir al espacio sacrificial[5].

En el Avesta reciente la conexión del sacrificio con la renovación final, el frašō.kərəti  "el Cumplimiento de la Maravilla", (av. Frašō.kereti, pl. Frasegird o tan i pasen “cuerpo futuro”) es más clara que en el antiguo. Al final de los tiempos, Sōšyans, el Mesías, y sus ayudantes celebrarán un sacrificio paralelo al sacrificio cosmogónico que se conmemora en cada celebración sacrificial cumpliéndose de este modo la profecía escatológica de “hacer el mundo perfecto (fraša-)” o según Insler “curada, renovada (fәraša)”, restaurándolo a su estado original de bondad,

El concepto del héroe inmortal que un día retornará para ayudar a su pueblo se encuentra en la tradición de diversas naciones indo-europeas, y fue presumiblemente un antiguo topos entre los irania.


[1] “que realiza ceremonias rituales en honor a (Ahura) Mazdâ”, la expresión Zoroastrismo también aparece en algún pasaje con el adjetivo zaratustri “zoroastrico” señalando a ZaraƟuštra; el cambio de nombre dependerá de su conveniencia o no de la época.
[2] iir. *aćna "sacrificio" (av. yasna, i.a. yajñá), un derivado de la raíz * "sacrificar", aunque existe controversia en su interpretación pues también se defenderá “venerar, adorar, realizar muestras de adoración, etc”.

[3] Pujol, Oscar, El simbolismo del alfabeto sánscrito en Las palabras del silencio, el lenguaje de la ausencia en las distintas tradiciones místicas, 2006

[5] La reunión de la tierra y el cielo es una imagen recogida posteriormente por los arquitectos musulmanes a la hora de construir las mezquitas y otras edificaciones islámicas, es decir de carácter ritual. El nuevo tipo de templo zoroastriano que aparecerá en época sasánida para mantener “el fuego eterno” conocido como čahār tāġ. con los cuatro laterales abiertos con grandes arcos, con una gran cúpula sobre los cuatro pilares de las esquinas, diseñados para que se vea arder el fuego desde lejos. el ātašgāh, donde arde el fuego eterno, del lugar de culto, que es cada vez más público. Donde el paso del cuadrado, la Tierra, al círculo, el Cielo, es facilitado por la figura octogonal que representa el barzaj o límite o frontera entre ambos. La zona intermedia donde no es ni cielo ni tierra y es a la vez ambos.

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