sábado, 13 de agosto de 2011

Pensamiento chino: Zhuangzi y el Dao


Zhuangzi
Confucio contemplaba las cataratas de Lüliang. el agua caía desde una altura de trescientos pies y rodaba espumante a lo largo de  cuarenta leguas. Una tortuga o un cocodrilo no habrían podido nadar en ella, sin embargo, Confucio vio un hombre nadar precisamente allí. Creyó que era un desdichado que buscaba la muerte y dio orden a sus discípulos de acercarse por la orilla para tratar de sacarlo de allí. Pero, a una centena de pasos, el hombre salió del agua y, con el cabello al viento, se puso a pasear por la ribera, cantando.

Confucio lo alcanzó y dijo: "Os he tomado por un demonio pero, mirándoos de cerca, veo que sois un hombre de carne y hueso. Decidme, ¡poseéis un Dao para nadar así?"

"No" - contestó el hombre, "ninguno. Parto de lo que me ha sido dado originalmente (gu 故), desarrollo mi naturaleza (xing 性), y voy al encuentro de mi destino (ming 命).Me zambullo con el agua que cae y emerjo con la que refluye, sigo el Dao del agua sin dejar que mi yo se imponga, así es como nado".

Confucio preguntó entonces: "¿Qué queréis decir con - partir de lo que es dado originalmente, desarrollar su naturaleza e ir al encuentro del destino -"?

El hombre dijo: "Nací en estas colinas, y aquí estoy en mi casa: esto es lo que me ha sido dado originalmente. Crecí en el agua y en ella me siento en mi elemento: es mi naturaleza. Y así es sin que yo sepa por qué: ése es mi destino". [Zhuangzi 19, pp 288-289]

La mano y el espíritu

Para entrar en la corriente del Dao, Zhuangzi, como el nadador, abandona la "resolución de aprender", punto de partida del proyecto confuciano, para buscar en la "destreza", la "soltura", instintiva y, sin embargo, adquirida, del artesano. Aprehender el Dao es una experiencia que no puede expresarse ni transmitirse con palabras. El intelecto no puede conocer nada con certeza; la mano, en cambio, sabe lo que hace con seguridad infalible, sabe hacer lo que el lenguaje no sabe decir. Pero esa destreza de la mano no es, a su vez, sino una metáfora para designar cierto tipo de conocimiento que no resulta de la adquisición de un contenido, sino de un proceso de aprendizaje, como el del de un oficio, que no se adquiere en un día, sino que "entra" de modo imperceptible.

Caligrafía de "Dao"


[Cheng, Anne, Historia del pensamiento chino, Biblioteca de China Contemporánea, Ed. Bellaterra: 2006]

1 comentario:

Pintora dijo...

Siempre me parece precioso esa manera poetica de decir algo profundo, no es que en el mundo occidental no encontremos estas formas de transmision pero el mundo oriental es maestro en ello.........