jueves, 5 de enero de 2012

Reseña crítica de El Buddhismo después del patriarcado de Rita M. Gross



Avalokiteshvara
GROSS, Rita M. (2005) El budismo después del patriarcado. Historia, análisis y reconstrucción feminista del budismo, con prólogo de Ana María Schlüter Rodés y traducción de Fernando Beltrán Llavador. Editorial Trotta (Colección Pliegos de Oriente): Madrid, p. 462

Rita M. Gross es profesora en la Universidad de Wisconsin (E.E..U.) y su trabajo sobre género y religión ha sido reconocido internacionalmente. Nombrada maestra de dharma por Su Eminencia Jetsun Khandro Rinpoche de la escuela Vajrayana, además de su trabajo como profesora en la universidad, ha escrito numerosos artículos, participado en diversas conferencias y ha dirigido y aún dirige retiros de meditación y enseñanzas en las que combina la investigación académica y su conocimiento del dharma.

RESÚMEN

El texto que nos ocupa es un intento de llevar a cabo una lectura actual del Buddhismo recuperando sus valores intrínsecos bajo una triple perspectiva que, como dirá su autora, ha convergido en el tiempo oportunamente: el estudio cultural cruzado y comparado de la religión, el feminismo y el buddhismo. La estrategia a seguir tal como precisa Gross al comienzo de la obra tiene también un triple aspecto: el estudio de la historia, un análisis de los conceptos clave de la tradición desde el punto de vista feminista y finalmente, la reconstrucción del buddhismo[1].

A través de un recorrido avalado por años de experiencia como académica y practicante, intentará buscar los elementos de la tradición que sean “correctos y utilizables” a fin de poder practicar y vivir el buddhismo sin discriminaciones,  proponiendo una “revervabilización” y comprensión de los conceptos fundamentales sin prejuicios de género. Por correcto se referirá a “los objetivos que persiguen los estudios sobre mujeres, con el feminismo como un método académico”, como utilizable se referirá a la “visión social” como feminista.


En la primera parte de su análisis, la del estudio de la historia, hace una revisión del papel atribuido a la mujer y la imaginería relativa a la misma durante los tres periodos del desarrollo del Buddhismo indio, mahayana y vajrayana. De este análisis intentará buscar un pasado utilizable. Así por ejemplo narra la historia de la princesa Naga y la transformación que realiza cambiando voluntariamente de sexo; esta historia ha sido utilizada en contra de las mujeres pero Gross propone una lectura mucho mas interesante, la enseñanza de esta historia sería la de que no deberíamos depender de las apariencias para conocer la verdadera naturaleza de alguien, la joven Naga cambió de sexo no por que tuviera que hacerlo si quería alcanzar la iluminación, sino porque podía hacerlo. En el Shunyata o Vacío, “”el sexo no es un rasgo fijo o rígido sino algo fluido y  que puede cambiar de inmediato”[2]. De este modo propone recuperar las historias y desvelar de ellas la clave que permita recorrer las mismas de forma correcta, dharmica, a través de una lectura no andrógina y por lo tanto parcial.

En la segunda parte, la del análisis de los conceptos fundamentales nos señala que dichos conceptos son incompatibles con una jerarquía de género y con la discriminación que hasta la fecha se siguen dando. Al igual que en el pensamiento feminista cristiano, las problemáticas y estrategias seguirán rumbos paralelos. Los símbolos axiales de una tradición son igualitarios y liberadores para todos por igual pero las prácticas y prejuicios culturales son los mismos. Por ello, es necesario ir al mismo núcleo y discernir aquello que no le es esencial, lo que conlleva a una necesaria “reconstrucción de esa tradición”[3], al menos ello es posible en el caso del Buddhismo pues la simbología y enseñanzas fundamentales son por naturaleza igualitarios para todos.
Tenzin Palmo

La tercera parte consistirá en buscar un futuro post-patriarcal del buddhismo usando los instrumentos del buddhismo tradicional pero bajo la perspectiva feminista. Dado que se dan contradicciones entre los conceptos igualitarios del buddhismo y la historia narrada de carácter patriarcal, es necesario rectificarla. Una vez afirmado que es posible una reconstrucción del buddhismo a través de la búsqueda del núcleo o raíz del mismo, Gross emplea la siguiente definición del mismo, “el feminismo implica la práctica “radical” de  la co-humanidad de mujeres y hombres”. Finalmente va más allá y afirma que “El buddhismo es feminismo” porque ambos parten de la experiencia y de la comprensión que surge de esta para trasladarse a la teoría, en segundo lugar  ambos se caracterizan por ir a contracorriente y en tercer lugar, ambas dan prioridad a la experiencia antes que a la teoría analizando y criticando las construcciones mentales existentes hasta conseguir la liberación.

Tras realizar este trabajo concienzudo y plasmar un paisaje crítico, Gross realiza un esbozo feminista de la historia arguyendo las razones para la necesidad del mismo, buscando la existencia o no de unos rasgos diferenciadores ofrecerá unas herramientas empleando el simbolismo de las tres vueltas de la Rueda del Dharma: primera vuelta o género y ausencia del ego, por lo tanto de “identidad” femenina o masculina, la segunda vuelta, género y vacío según la corriente mahayana, en el Vacío las clasificaciones de “masculino” y “femenino” carecen de entidad o realidad sustancial y finalmente, la tercera vuelta, la naturaleza búdica según la corriente vajrayana en la que recupera el término  tathagatagarbha en su traducción original de “útero de tathagata” o “embrión de tathagata”, donde el primero implica un importante simbolismo femenino y el segundo, uno neutro sin posibilidad de interpretarlo como masculino o femenino.

En resumidas cuentas como expondrá posteriormente, el Dharma no es ni masculino ni femenino, sino que comprende uno y otro, no en una dualidad sino en una unidad diádica.

A pesar de que nuestra sociedad ha pasado hace mucho del modelo de sociedad agrícola en el que los papeles del hombre y la mujer quedaron fijados por las circunstancias, seguimos viviendo sus secuelas sin, en muchos casos, ser conscientes de ello; lo que se traduce en la existencia de una institucionalización generalizada, incluida la religiosa, que refleja antiguos prejuicios y un lenguaje de marcado carácter patriarcal lo que la hace definirse como sociedad post-patriarcal. Ante esta visión androcentrista propone una reconceptualización andrógina del buddhismo en el que la Sangha deberá participar de manera mucho más directa e íntima recuperando su verdadero sentido de refugio para todos, mujeres y hombres.

El Dharma no es ni masculino ni femenino sino todo lo contrario…

Aunque el trabajo de Rita Gross no es el primero en tratar una tradición según el enfoque feminista, su valor radica en haber sabido aunar un trabajo de investigación erudito (externo), la experiencia personal como practicante (interno) y su visión como mujer (interno) de manera a mi entender, impecable, a excepción quizá de los párrafos en que compara el buddhismo con otras tradiciones, al menos en lo que se refiere al caso del islam ya que si bien los ejes principales de la lucha del feminismo en las tradiciones buddhista y cristiana son la jerarquía de poder y la imaginería, no es el caso de la Nissaya[4] en el mundo musulmán puesto que no tiene jerarquías[5], no hay una imaginería[6], y además la práctica ritual[7] es mas bien mínima, en todo caso el problema básico lo encontramos en la interpretación o como dirá Gross “verbalización” del mensaje coránico a través de la voz masculina con una ausencia de autocrítica e ijtihâd o esfuerzo personal en enjuiciar algo durante mucho tiempo. A parte de ello, el ejercicio es ciertamente “correcto”, “utilizable” y enriquecedor.
Es enriquecedor porque aporta ideas sólidamente arraigadas en los fundamentos de la tradición y una nueva acepción del feminismo como método de trabajo que no solo pueden enriquecer el diálogo inter-buddhista sino también el diálogo interreligioso a nivel de estudio y a nivel personal como practicantes. Su interés radica principalmente, en que es en cierta manera, un trabajo innovador y provocador.

Muchos libros hay sobre feminismo y sobre lecturas feministas de la religión; sin embargo no parece que hayan tantos en los que encontremos un enfoque tan amplio como es el caso. Como dice Gross, se habla mucho del homo religiosus pero no de la femina religiosa, nuestra cultura aún mantiene ciertos patrones androcéntricos de los que no somos conscientes del todo y cuando es así, no sabemos bien como posicionarnos ya que nuestro lenguaje está demasiado marcado por ello (principalmente en el europeo). Gross dirá que la cultura no es una condición biológica, por mi parte yo diría que la cultura es una construcción humana y como tal, impermanente y modificable. Llegar a una metodología andrógina suena interesante aunque quizá algo difícil de llevar a cabo no obstante.

 “Though there is no permanent abiding self/ego, nevertheless gender is real”[8]

Bibliografía:

-     - Gross, Rita M. (2005)  El budismo después del patriarcado. Historia, análisis y reconstrucción feminista del budismo, con prólogo de Ana María Schlüter Rodés y traducción de Fernando Beltrán Llavador. Editorial Trotta (Colección Pliegos de Oriente):Madrid

Bibliografía complementaria:
-          
     - Col., Pensamiento y religión en Asia oriental, El Buddhismo, Barcelona: Editorial UOC
-          Amir-Moezzi, M. A.,Lory, Pierre (2008) Petite Histoire de l’Islam, Ed. Librio: Paris
- - Gross, Rita M. (2010) How clinging to Gender Subverts Enlightenment en http://ritamgross.com/HTML/writingsample.html

Webgrafía:
-          Web personal de Rita M. gross http://ritamgross.com



[1] En cierta manera esta propuesta recuerda otro trabajo similar y de gran peso, La reconstrucción del islam de Muhammad Iqbâl pero sin el enfoque feminista.
[2] P. 113
[3] P. 189
[4] La palabra árabe Nissaya vendría a traducirse como “De la mujer”
[5] La actual jerarquía iraní de los ayatul·lâh, hujjatul·lâh e imames es realmente reciente y solo se ha dado en Irán yendo a la contraria de lo pregonado tradicionalmente por la shi’a de separar poder y espiritualidad.
[6] Las imágenes no están prohibidas, han existido y existen actualmente, la cuestión no es que se las considere incorrectas o heréticas sino que simplemente no hacen falta.
[7] De ritos propiamente dichos solo podemos hablar del salât o pregaria y de la peregrinación a la Mekka.
[8] Gross, Rita M. How clinging to gener subverts enlightenment en Inquiring Mind, otoño 2010

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