sábado, 11 de abril de 2026

ISABELLA BIRD, CRÓNICAS DE UNA VIAJERA DEL SIGLO XIX EN JAPÓN


VIAJAR: La palabra viaje en español procede de latín VIATICUM, sustento o provisión para el camino, y como "camino" podemos referirnos a ir de un lugar a otro, así como a nuestra propia ruta de viaje o itinerario de vida.

Cuando viajas, conoces nuevas tierras, nuevas culturas, nueva gente, nuevas maneras de ver el mundo: es decir, implica conocimiento. Y para ello has de ir con la mente y la mirada limpias, sin prejuicios ni preconceptos, preparado para dejarte sorprender y estimular. Piensa que ese "otro" extraño, exótico, etc. eres tú también cuando es el "otro" el que te mira.

En un mundo en el que viajar ha pasado a ser acumular países en tu anecdotario a base de selfies, quiere decir que, probablemente ya no se sabe viajar. 

Este apartado tratará de cómo se ha interpretado y vivido Japón a través de las narraciones de auténticos viajeros.


ISABELLA BIRD, CRÓNICAS DE UNA VIAJERA DEL SIGLO XIX EN JAPÓN



Isabella Bird, escritora, naturalista y fotógrafa británica, exploró en solitario las zonas rurales del norte de la isla principal de Japón en 1878, un momento en el que la región era todavía era ampliamente desconocida. 

DE KASUKABE A NIKKÔ 

Un Coolie enferma — Vestimenta del campesino — Variedades en la trilla — La yadoya Tochigi — Aldeas agrícolas — Una hermosa región

A las siete de la mañana siguiente se comió el arroz, la habitación tan vacía como si nunca hubiera estado ocupada, la factura de 80 sen (yenes) pagada, el jefe de la casa y los sirvientes con muchos sayo naras, o despedidas, se habían postrado, y estábamos en los kurumas a trote rápido. En la primera parada, mi portador, una criatura amable y de buen carácter, pero absolutamente horrible, sufrió dolor y vómitos, debido a que, según dijo, había bebido el agua mala de Kasukabé, y se quedó atrás. Me agradó mucho la honestidad e independencia en que proporcionaba un sustituto, cumpliendo estrictamente su trato y sin pedir ninguna propina por su enfermedad. Había sido tan amable y servicial que me entristeció dejarle allí enfermo, — solo un coolie, sin duda, solo un átomo entre los 84.000.000 del Imperio, pero no menos valioso para nuestro Padre celestial que cualquier otro.

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