lunes, 28 de octubre de 2024

LA EXISTENCIA DE DIOS A TRAVÉS DE SAN AGUSTIN, SAN ANSELMO DE CANTERBURY, TOMÁS DE AQUINO Y GUILLERMO DE OCCAM

 


Voy a los confines de la fértil tierra para ver a Océano, padre de los dioses
(La Iliada Canto XIV,201)


La decisión de Constantino I, emperador de Roma, de promover el cristianismo a religión de estado no significó en modo alguno que la población (fiel a sus tradiciones) aceptara esta nueva religión desde el primer momento y se resistiera a seguir manteniendo el culto al panteón tradicional o a otras religiones venidas de oriente.

Por otra parte, a resultas de la expansión colonial griega, el pensamiento griego llegará al imperio, no obstante, el romano, mas preocupado en la praxis del rito como vínculo social que en la especulación filosófica, no estará particularmente interesado.

A caballo entre los siglos IV y V, la llamada Edad de los Padres, el cristianismo pasará por dos Concilios (el de Nicea y el de Calcedonia) y cristalizará en un movimiento de evangelización mas allá de las fronteras del imperio y de estructuración de los ritos acabando con la separación de las dos iglesias de Roma y Bizancio, favorecida por la caída del Imperio Romano de occidente tras la llegada de los pueblos bárbaros. No por ello, cesarán las divergencias en cuanto a dos temas centrales: la Trinidad y la divinidad del Cristo.



Agustín de Hipona (354-430) nacerá en un ambiente ya marcado por la personalidad de su madre, Santa Mónica; sin embargo y contrariamente a lo pensado, Agustín acabará adscribiéndose en el Maniqueísmo en su búsqueda de la verdad. Desencantado volverá al cristianismo y se dedicará al estudio de la herencia filosófica griega.

La época de Agustín es un periodo en el que los “padres de la iglesia” necesitarán fortalecer las bases del cristianismo occidental contra las distintas doctrinas que puedan debilitar el poder de la iglesia y del estado. No se trata solo de una cuestión de fe sino de política y poder. En un mundo en el que las guerras son una constante, la idea del mal choca contra la de un Dios justo y bueno. Agustín dirá que de Dios solo puede surgir el bien y la luz y que el mal o el dolor son debidas a la privación o pérdida del bien de la cual Dios no es responsable, sino el hombre al ir en contra del orden natural de las cosas.

La idea de dos fuerzas contrarias, el bien y el mal, tal como eran concebidas por algunas tradiciones de oriente (como el maniqueísmo), es contraria a la idea de un dios único. Solo hay una realidad, por ello, el mal no corresponde a ningún arquetipo.

Si el hombre sabe emplear su libertad respetando el orden de las cosas, la autoridad sobre la voluntad, entonces podrá alcanzar la paz. Pero esta libertad no le hace independiente de Dios, pues Dios al encontrarse fuera del tiempo (que es también creación) conoce todo lo que pasará y como.

El ser humano puede llegar al conocimiento de este orden gracias a la fe, es la fe el camino hacia la comprensión. Esta vía es un camino de conversión, es decir, volver la mirada del exterior al interior de uno mismo, de hecho, este proceso podría bien recordar de algún modo a la máxima de Delfos “Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses.”

Esta mirada hacia uno mismo, le hará descubrir su propia esencia, el viaje es un viaje desde las percepciones sensoriales que nos confirman que somos seres existentes, pasando por el descubrimiento o conocimiento de lo que uno es en realidad. Agustín de Hipona emplea el concepto de Iluminación de Platón para describir este proceso de autoconocimiento que nos llevará finalmente a la primera verdad, que es amor eterno ya que el hombre es a imagen de Dios. Solo gracias a este acto divino de iluminación el hombre verá recompensada su fe con la comprensión de las cosas.

La Patrística seguirá intentando armonizar razón y fe en su argumentación e interpretación de los textos dando paso a la Dialéctica o arte de la disputa. Esta dialéctica se hará cada vez más necesaria a partir de la llegada a Europa de nuevas traducciones de Aristóteles, desconocidas hasta entonces, a través del islam.

Sin embargo, este Nuevo Aristóteles vendrá traducido a la luz de dos visiones diferentes, representadas principalmente por:

-       Ibn Rushd o Averroes (m. 1198) por el islam sunní ortodoxo, mayoritario y de marcada literalidad ante los textos sagrados (en este caso el Corán); aunque Ibn Rushd intentará demostrar cómo la revelación coránica no solo autoriza el pensamiento filosófico sino que además, animará el uso de la razón. Propone una teología alternativa que será rechazada por los mismos doctores de la ley musulmanes.

-       Ibn Sina o Avicena (m. 1037) por un islam impregnado de tradición persa y metafísica oriental y que dará pie al Agustinismo aviceniano que intentará concordar la teoría de la iluminación de Agustín con la teoría del intelecto agente de Aristóteles.




El encuentro ya no es solo con el pensamiento griego y la problemática que pueda significar a la fe vista por la razón, sino también con la relación tensa entre razón (Falsafa) y literalidad (Kālam) que surgirá ya a partir del siglo IX en el seno de la comunidad musulmana y que planteará nuevos posicionamientos en la Europa del s. XIII haciendo probablemente más patente la discusión sobre los dogmas de fe cristianos[1].

Anselmo de Canterbury (1033-1109) siguiendo las reglas de la dialéctica será un continuador del pensamiento agustiniano, y por ello, se situará no muy lejos del platonismo. Para él la filosofía es una ayuda para comprender la fe, solo hay una verdad, la revelada por Dios; pero la razón puede reforzar esta fe, acuñando la expresión "Neque enim quaero intelligere ut credam, sed credo ut intelligam. Nam et hoc credo, quia, nisi credidero, non intelligam. "[2]. Será uno de los iniciadores de la escolástica. 

Para defender la existencia de esa verdad única, se servirá de la figura del insensato de los Salmos 14,1 :”El débil (insensato) dirá en su corazón, no hay Elohîm!”[3].

Siguiendo las reglas de la dialéctica en primer lugar, definirá que es Dios, y al igual que veremos en el pensamiento de Descartes tres siglos mas tarde, afirmará que Dios es lo mas grande sobre lo que uno pueda pensar, si somos capaces de pensar que es algo superior a lo que nuestro pensamiento nos permite, entonces es que existe “Pero cuando me oye decir que hay algo por encima de lo cual no se puede pensar nada mayor, este mismo insensato entiende lo que digo; lo que entiende está en su entendimiento, incluso aunque no crea que aquello existe... Y ciertamente aquello mayor que lo cual nada puede ser pensado, no puede existir sólo en el entendimiento. Pues si existe, aunque sólo sea también en el entendimiento, puede pensarse que exista también en la realidad, lo cual es mayor.[4]”

Poco a poco filosofía y teología comienzan a separarse, entre los partidarios a esta separación se encontrará Tomás de Aquino (1225-1274), quien considerará que en tanto que la filosofía se basa en la razón y tiene como objeto de estudio la  naturaleza, la teología que parte de la autoridad tiene como objetivo Dios. El dominio de la fe no puede ser argumentado filosóficamente pero si existen concordancias entre ambas, ya que la verdad nunca puede contradecir la verdad y la filosofía no puede argumentar verdades contrarias a la fe.

Así Tomás de Aquino intentará demostrar la existencia de Dios a partir de los efectos que tiene su intervención en el mundo. Siendo que la existencia de  Dios es cuestión fe, no puede ser demostrable pero como se dice en Rom 1,20 : “Si, desde la creación del mundo, lo que es invisible ha sido claramente contemplado a través de sus obras”[5]. Lo que es causado, es causado por algo o como resultado o efecto de algo que es previo.

Influido por Aristóteles, adoptará la teoría hilemórfica y la aplicará a la teoría del ser donde Dios es la causa de todo. También en lo que respecta a su teoría del conocimiento, según la cual se comienza con la experiencia sensible y se acaba con la abstracción que posibilita el conocimiento de lo universal, considerando la teoría de Platón de la iluminación y la pluralidad de formas como contrarias a la fe ya que no pueden ser argumentadas filosóficamente.

Tras la muerte de los dos representantes mas importantes de este pensamiento, Tomas de Aquino y Bonaventura se emprenderá una batalla contra el Nuevo Aristóteles, principalmente en su traducción averroista por estar, en comparación con la de Ibn Sina, mas cargada de crítica racional.

Este rechazo será el detonante de la definitiva separación de la teología y la filosofía permitiendo posicionamientos menos subordinados al enfoque religioso, pero por otra parte, tampoco se podía negar la existencia del Nuevo Aristóteles. De este modo y de manera más crítica Duns Escot (1265-1308) aunque aproximándose al pensamiento agustiniano sobre la imposibilidad de la filosofía para explicar la metafísica, es la fe como conocimiento intuitivo la que da luz sobre el misterio; considerará el estudio del texto sagrado bajo el prisma aristotélico de la crítica positiva. Es la voluntad la que prima sobre el intelecto.

Guillermo de Occan (1280-1347) retoma desde un ángulo de visión nuevo, la disputa entre ambas ciencias argumentando y acotando la filosofía a través de la misma dialéctica filosófica.

Occan considera que la manera más eficaz es evitar el exceso de justificaciones y argumentaciones, es decir, la especulación innecesaria. Si hay dos afirmaciones sobre las cuales se afirma la relación, la manera de demostrar su veracidad es comprobando si separadas pueden ser motivo de contradicción, es decir, si un fenómeno puede explicarse sin suponer entidad hipotética alguna, no hay motivo para suponerla.

Aristóteles creía en una fuerza supernatural hacia la cual tienden los seres humanos,  basándose en la teoría de las Cuatro Causas según la cual todo existente requiere una cuádruple explicación:

1ª causa material: ¿de qué esta hecha?

2ª causa formal: ¿qué hace?

3ª causa eficiente: ¿qué la hace moverse?

4ª causa final: ¿por qué o para qué hace lo que hace?

La cuarta causa será identificada generalmente como la divina providencia, según la cual todo lo que ocurre es parte del Plan divino. Ockham en su intento de separar la teología de la ciencia y de la especulación filosófica argüirá que “Si aceptase que no hay autoridad, podría decir que no se puede probar ni las afirmaciones conocidas por si mismas o de la experiencia de que cada efecto tiene una causa final.” (Quodlibetal Questions, pp. 246-9)[6]

Si Dios no existiera habría un retroceso infinito, pero los retrocesos infinitos son imposibles.  Por ello, Dios debe existir.

El ser humano, al igual que dirá Tomas de Aquino, es capaz de captar la realidad a través de una cognición intuitiva, de este modo la unicidad de Dios es confirmada porque solo existen los individuos, los universales solo son producto de la abstracción de conceptos o nombres por parte de la mente humana y no tiene existencia propia (lo que le sitúa mas entre los conceptualistas mas que entre los nominalistas), por ello Dios en omnipotente y además no hay contradicción en él, lo que decide ya es bueno y la razón no puede entrar en su dominio.

En este aspecto, Occan sigue mas el pensamiento aristotélico que el de Platón alejándose del concepto de ideas arquetípicas.

 

Razón y Fe estarán en constante relación de disputa y maridaje, por un lado un cierto temor a perder el apoyo (aunque sea imaginario) de las “verdades” que la fe ofrece para la salvación como individuo pero también como miembro de una colectividad, no en vano en el medioevo, aquel que se alejaba de la iglesia se alejaba también de la sociedad; por otra, el hombre no puede dejar de lado el intelecto. Consciente de su capacidad para discernir, comprender y sobre todo, la necesidad de buscar, descubrir y trascender.



[1] Corbin, Henry, Historia de la filosofía islámica, ed. Trotta

[2] “No busco comprender lo que ya creo, pero creo lo que debo comprender” en http://www.thelatinlibrary.com/anselmproslogion.html

[3] Chouraqui, La Bible, pg. 1124, Ed. Desclée de Brouwer, 1989

[4] Biografía de San Anselmo de Canterbury, en www.webdianoia.com

[5] Chouraqui, La Bible, pg. 2186, Ed. Desclée de Brouwer, 1989

[6] En http://www.iep.utm.edu/o/ockham.htm

Notas Personales sobre todo y nada


 

De tanto en tanto necesito descansar mi cuerpo del ritmo a veces frenético y poco natural al que lo someto sin darme cuenta; mi espíritu y mi mente también me piden el mismo trato y lo encuentro de justicia, aunque en nuestra sociedad no se nos acostumbre a dejar demasiado espacio a «pensar», ya se sabe, puede ser peligroso…

Así que, de tanto en tanto, vuelvo a mis orígenes humanistas y recupero libros, apuntes, notas tomadas al vuelo, para  recordar esa agradable sensación de que aún soy capaz de utilizar mis neuronas de una forma adecuada y enriquecedora, a pesar de que a mi edad alguna ya debe haberse suicidado…

Y es que, llegada prácticamente a la jubilación, tiempo libre es de lo que más dispongo o mejor dicho, es de lo que más puedo disponer a mi gusto y voluntad. ¡Aleluya!

Como algunas personas que me conocen, ya lo saben, me gusta compartir, puede interesar o no, pero ahí queda…

Así que hoy compartiré unas notas y pensamientos que he recogido durante mi lectura del artículo “Où est passé l’inconscient?” (¿A donde ha ido el inconsciente?) de Evelyne Pieiller en el periódico Le Monde Diplomatique [lectura que aconsejo vivamente].

Todos los que hemos estudiado filosofía, en algún momento nos habremos encontrado con la consabida frase de René Descartes «Pienso, luego existo» o visto de otra manera, soy, porque pienso. ¿Soy YO realmente quien piensa? ¿Si no soy yo, entonces yo existo, soy? Y si es ese «otro» el que piensa o lo que piensa, ¿Qué soy entonces?

Cogito ergo sum

Del latín Cogitare : co- junto, completamente, agitare – hacer avanzar, tratar, mover.

Es decir, hacer avanzar o tratar algo conjuntamente… ¿con qué o quién?

¿Entonces no soy yo la única artífice de mis actos y pensamientos?, esto me recuerda a esa hermosa expresión en lengua árabe:

bismi-llāhi r-raḥmāni r-raḥīm (بسم الله الرحمن الرحيم)

Su traducción más común sería: En el nombre de Al.lâh, el Clemente, el Misericordioso; si bien esa letra «b» inicial le concede un sentido más profundo, «con» (mi profesor de exégesis islámica decía que era como cuando pedimos un «café con leche», ¿verdad que café y leche no van por separado sino que se entremezclan siendo uno? Pues eso…), por lo que realmente se está indicando que todo lo que se realiza, se piensa, todo lo que pasa es por/a través/con esa Realidad que ha recibido muchos nombres a lo largo de nuestra historia. Para quien se considere agnóstico, sería probablemente eso incognoscible, que a mí casi que me gusta más…

Se podría argumentar que si comenzamos a poner en duda de que no pensamos nosotros, ¿no sería razonable suponer que es ese/eso «otro» el/lo que duda de su existencia, sino mi YO?, así pues, quizá sí que existimos después de todo, pero no somos agentes únicos de nuestra vida.

“Je est un autre”, diría Arthur Rimbaud en una bella carta a su profesor George Izambard, yo es otro…

«Un pensamiento no viene más que cuando él quiere, y no cuando yo lo deseo, de modo que es una alteración de los hechos de pretender que el sujeto «yo» es la condición del atributo «yo pienso». Algo piensa, pero creer que ese algo es el antiguo y famoso yo, es una pura suposición” – Más allá del bien y del mal, F. Nietzche (1881)

«El o lo inconsciente es lo que informa al consciente sin que lo sepa» diría Sigmund Freud en su obra Lo inconsciente.

El “YO” deja de ser el centro, así como el Sol dejó de girar alrededor de la Tierra.

Lección a aprender: NO somos el ombligo del mundo, NO soy yo el único ser, NO estamos solos (aunque con esta ultima negación, no me refiero únicamente a los extraterrestres 😊).

 


Firmo estas notas con mi nombre como musulmana porque al escribirlo en árabe descubrí hace muchos años que me recordaba a un animalillo con el que me comparaban cuando era estudiante y me zambullía casi diariamente entre los libros de la biblioteca de mi barrio…


                                                                                                                                         Hawwa’

 


viernes, 19 de agosto de 2022

La Verdad y el Ser, algunas cavilaciones...

En estas líneas he intentado reflejar las dos cuestiones que, a mi entender, han sido el meollo de la cuestión filosófica que nos hemos planteado a lo largo de nuestra historia: qué es la Verdad y qué es el Ser.

Me ha parecido la inquietud más lógica para esta época, heredera de la Escolástica y testigo de la evolución del papel del hombre como protagonista de la historia, un papel que tras su paso por la Ilustración experimentó una deriva hacia el egocentrismo y la soberbia más absolutas. Como ven en el mapa conceptual que adjunto, me remito al marco europeo para estas reflexiones.

El interés y preocupación por el hombre y su verdad lleva a plantearnos la interrogante de qué es él y cual es su papel en el mundo, y como consecuencia de ello, cual es el tipo de relación entre el Yo y lo que nos rodea.

He intentado destacar dos aspectos que me parecieron muy interesantes y que enlazan las diferentes corrientes de pensamiento que trato en este mapa conceptual:



la Acción y la Comunicación.

Por Acción quiero decir, el modo en que el ser humano actúa ante el mundo, ante las cosas que le rodean; por Comunicación, el medio a través del cual se relaciona con ellas.

  • En el primer aspecto situaría a los representantes de la Filosofía de la Sospecha, la de los fenomenólogos y existencialistas y la de los pragmáticos y realistas; mientras que,
  • en el segundo situaría a los representantes de la Escuela de Frankfurt, hermeneutas y estructuralistas.

No obstante, así como encuentro relaciones entre todas las corrientes, quizá trataría al grupo de los pragmáticos y realistas un poco a parte ya que en ellos no veo tan claro este doble aspecto de Acción/Comunicación.

¿Por qué considero que Acción y Comunicación están relacionados?

Tal como lo veo, la esencia del hombre está marcada por la acción, a lo largo de su vida el ser humano está en continuo cambio, en continuo movimiento, en continuo hacer; es decir, actúa siempre; pero para que el ser humano actúe sobre las cosas ha utilizado el lenguaje, a fin de dominarla. Citando a Gadamer "la comprensión de la cosa es posible cuando se habla de ella". 

El problema es que, en cierta forma, a lo largo de la historia el significante ha adquirido el valor del significado. El Ens ha pasado a sustituir al Da Sein.

El lenguaje, que es comunicación, es prioritariamente por la palabra, pero también a través del Arte. Al fin y al cabo, el artista lo que hace es expresar, comunicar lo que ve e interpreta a través del lenguaje de la imagen o del símbolo, esa es su verdad.

En cierta forma, el arte sería una forma de hermenéutica, ya que el alma sensible del artista sería capaz de desvelar por medio de la imagen o de la poesía (porque escapa a los códigos lógicos y estructurados de la gramática y porque es capaz de trabajar con los símbolos), aquello que la mirada normal no es capaz de captar.

Digo mirada normal, la de los ojos físicos, porque, si mal no recuerdo, Platón decía que el sentido del filósofo era la mirada, y yo añadiría, la mirada o visión interna capaz de desvelar los espejismos que hacen errar a nuestros ojos.

En el mapa conceptual he citado aquellas personas que, a mi entender reflejan mejor lo que deseo exponer sobre la Verdad y el Ser:

  • Nietzsche, porque fue el primero en denunciar lo que llamamos "sentido común" que no hace mas que disfrazar en muchas ocasiones el miedo a descubrir que hay de cierto o no en las "verdades eternas". Todo hay que situarlo bajo el cartel de lo "sospechoso", pues corremos el riesgo de perder el sentido de la autocrítica. hablando en otros términos "la fe no ha de repugnar a la razón".

O como dirá un antiguo dicho de sabiduría de la espiritualidad islámica: "La duda es el camino hacia la certeza"

  • Marx, porque a su manera, denuncia las falsas verdades establecidas y creadas por una cultura que ha terminado impidiendo al ser humano actuar libremente, so pena de salirse de lo "establecido".

"La religión es el opio del pueblo", como escribiría en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel

  • Husserl, Sartre y Ponty vuelven a poner en tela de juicio el, valga la redundancia, juicio de las cosas. Yo diría que critican el prejuicio, siendo solo la experiencia personal y única del individuo la que posibilita al hombre llegar a ser lo que realmente es.
  • Adorno y Haberlas, retomando a Marx en su crítica a la cultura, proponen lo que yo llamo el segundo aspecto: la expresión como medio de transformación o construcción del ser humano.
  • A su vez Heidegger, Levi-Srauss y Gadamer enfatizarán el acto del lenguaje como medio de desvelación y también como sistema de trabajo.
  • Foucault, no obstante, se desvinculará del estructuralismo cuando va más allá del paso de un estado (el velado) a otro (el desvelado) incidiendo en que este desvelarse o transformarse era un continuum, lo cual en cierta forma no está tan lejos de Heidegger que decía que era imposible llegar al último estadio del Dasein, del Ser.

Todo en el fondo está marcado por la tragedia de la eterna pregunta sin una respuesta definitiva, probablemente porque el ser humano para ser fiel a su naturaleza, para seguir siendo acción, necesita seguir planteándose preguntas a fin de evitar la aceptación o conformidad y por lo tanto al estancamiento y al mutismo.

Ramón Alcoberro Percay cita en su trabajo sobre la corriente fenomenológica que "el objetivo de la Filosofía no es responder sino preguntar".Quizá el ser humano necesite estar en continua perplejidad para seguir moviéndose, para estar vivo....


اَللّٰهُ أَعْلَم‎