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| Avalokiteshvara |
RESÚMEN
El texto que nos ocupa es un intento de llevar a cabo una lectura
actual del Buddhismo recuperando sus valores intrínsecos bajo una triple
perspectiva que, como dirá su autora, ha convergido en el tiempo oportunamente:
el estudio cultural cruzado y comparado de la religión, el feminismo y el
buddhismo. La estrategia a seguir tal como precisa Gross al comienzo de la obra
tiene también un triple aspecto: el estudio de la historia, un análisis de los
conceptos clave de la tradición desde el punto de vista feminista y
finalmente, la reconstrucción del buddhismo[1].
A través de un recorrido avalado por años de experiencia como
académica y practicante, intentará buscar los elementos de la tradición que
sean “correctos y utilizables” a fin de poder practicar y vivir el
buddhismo sin discriminaciones, proponiendo una “revervabilización” y
comprensión de los conceptos fundamentales sin prejuicios de género. Por
correcto se referirá a “los objetivos que persiguen los estudios sobre mujeres,
con el feminismo como un método académico”, como utilizable se referirá a la
“visión social” como feminista.
En la primera parte de su análisis, la del estudio de la historia,
hace una revisión del papel atribuido a la mujer y la imaginería relativa a la
misma durante los tres periodos del desarrollo del Buddhismo indio, mahayana
y vajrayana. De este análisis intentará buscar un pasado utilizable. Así
por ejemplo narra la historia de la princesa Naga y la transformación que
realiza cambiando voluntariamente de sexo; esta historia ha sido utilizada en
contra de las mujeres pero Gross propone una lectura mucho mas interesante, la
enseñanza de esta historia sería la de que no deberíamos depender de las
apariencias para conocer la verdadera naturaleza de alguien, la joven Naga
cambió de sexo no por que tuviera que hacerlo si quería alcanzar la
iluminación, sino porque podía hacerlo. En el Shunyata o Vacío,
“”el sexo no es un rasgo fijo o rígido sino algo fluido y que puede cambiar de inmediato”[2]. De este modo propone recuperar
las historias y desvelar de ellas la clave que permita recorrer las mismas de
forma correcta, dharmica, a través de una lectura no andrógina y por lo tanto
parcial.
En la segunda parte, la del análisis de los conceptos fundamentales
nos señala que dichos conceptos son incompatibles con una jerarquía de género y
con la discriminación que hasta la fecha se siguen dando. Al igual que en el
pensamiento feminista cristiano, las problemáticas y estrategias seguirán
rumbos paralelos. Los símbolos axiales de una tradición son igualitarios y
liberadores para todos por igual pero las prácticas y prejuicios culturales son
los mismos. Por ello, es necesario ir al mismo núcleo y discernir aquello que
no le es esencial, lo que conlleva a una necesaria “reconstrucción de esa
tradición”[3], al menos ello es posible
en el caso del Buddhismo pues la simbología y enseñanzas fundamentales son por
naturaleza igualitarios para todos.
La tercera parte consistirá en buscar un futuro post-patriarcal del
buddhismo usando los instrumentos del buddhismo tradicional pero bajo la
perspectiva feminista. Dado que se dan contradicciones entre los conceptos
igualitarios del buddhismo y la historia narrada de carácter patriarcal, es
necesario rectificarla. Una vez afirmado que es posible una reconstrucción del
buddhismo a través de la búsqueda del núcleo o raíz del mismo, Gross emplea la
siguiente definición del mismo, “el feminismo implica la práctica “radical”
de la co-humanidad de mujeres y hombres”.
Finalmente va más allá y afirma que “El buddhismo es feminismo” porque
ambos parten de la experiencia y de la comprensión que surge de esta para
trasladarse a la teoría, en segundo lugar
ambos se caracterizan por ir a contracorriente y en tercer lugar, ambas
dan prioridad a la experiencia antes que a la teoría analizando y criticando
las construcciones mentales existentes hasta conseguir la liberación.
Tras realizar este trabajo concienzudo y plasmar un paisaje crítico,
Gross realiza un esbozo feminista de la historia arguyendo las razones para la
necesidad del mismo, buscando la existencia o no de unos rasgos diferenciadores
ofrecerá unas herramientas empleando el simbolismo de las tres vueltas de la
Rueda del Dharma: primera vuelta o género y ausencia del ego, por lo
tanto de “identidad” femenina o masculina, la segunda vuelta, género y vacío según
la corriente mahayana, en el Vacío las clasificaciones de “masculino” y
“femenino” carecen de entidad o realidad sustancial y finalmente, la tercera
vuelta, la naturaleza búdica según la corriente vajrayana en la que
recupera el término tathagatagarbha
en su traducción original de “útero de tathagata” o “embrión de tathagata”,
donde el primero implica un importante simbolismo femenino y el segundo, uno
neutro sin posibilidad de interpretarlo como masculino o femenino.
En resumidas cuentas como expondrá posteriormente, el Dharma no
es ni masculino ni femenino, sino que comprende uno y otro, no en una dualidad
sino en una unidad diádica.
A pesar de que nuestra sociedad ha pasado hace mucho del modelo de
sociedad agrícola en el que los papeles del hombre y la mujer quedaron fijados
por las circunstancias, seguimos viviendo sus secuelas sin, en muchos casos,
ser conscientes de ello; lo que se traduce en la existencia de una
institucionalización generalizada, incluida la religiosa, que refleja antiguos
prejuicios y un lenguaje de marcado carácter patriarcal lo que la hace
definirse como sociedad post-patriarcal. Ante esta visión androcentrista
propone una reconceptualización andrógina del buddhismo en el que la Sangha
deberá participar de manera mucho más directa e íntima recuperando su verdadero
sentido de refugio para todos, mujeres y hombres.
El Dharma no es ni masculino ni femenino sino
todo lo contrario…
Aunque el trabajo de Rita Gross no es el primero en
tratar una tradición según el enfoque feminista, su valor radica en haber
sabido aunar un trabajo de investigación erudito (externo), la experiencia personal
como practicante (interno) y su visión como mujer (interno) de manera a mi
entender, impecable, a excepción quizá de los párrafos en que compara el
buddhismo con otras tradiciones, al menos en lo que se refiere al caso del islam
ya que si bien los ejes principales de la lucha del feminismo en las
tradiciones buddhista y cristiana son la jerarquía de poder y la imaginería, no
es el caso de la Nissaya[4]
en el mundo musulmán puesto que no tiene jerarquías[5],
no hay una imaginería[6],
y además la práctica ritual[7]
es mas bien mínima, en todo caso el problema básico lo encontramos en la
interpretación o como dirá Gross “verbalización” del mensaje coránico a través
de la voz masculina con una ausencia de autocrítica e ijtihâd o esfuerzo
personal en enjuiciar algo durante mucho tiempo. A parte de ello, el ejercicio
es ciertamente “correcto”, “utilizable” y enriquecedor.
Es enriquecedor porque aporta ideas sólidamente arraigadas en los
fundamentos de la tradición y una nueva acepción del feminismo como método de
trabajo que no solo pueden enriquecer el diálogo inter-buddhista sino también
el diálogo interreligioso a nivel de estudio y a nivel personal como
practicantes. Su interés radica principalmente, en que es en cierta manera, un
trabajo innovador y provocador.
Muchos libros hay sobre feminismo y sobre lecturas feministas de la
religión; sin embargo no parece que hayan tantos en los que encontremos un
enfoque tan amplio como es el caso. Como dice Gross, se habla mucho del homo
religiosus pero no de la femina religiosa, nuestra cultura aún
mantiene ciertos patrones androcéntricos de los que no somos conscientes del
todo y cuando es así, no sabemos bien como posicionarnos ya que nuestro
lenguaje está demasiado marcado por ello (principalmente en el europeo). Gross
dirá que la cultura no es una condición biológica, por mi parte yo diría que la
cultura es una construcción humana y como tal, impermanente y modificable.
Llegar a una metodología andrógina suena interesante aunque quizá algo difícil
de llevar a cabo no obstante.
“Though there is no
permanent abiding self/ego, nevertheless gender is real”[8]
P.S: mi agradecimiento a Rita M. Gross por sus amables comentarios y aclaraciones a las dudas que surgieron durante la redacción de esta reseña.
P.S: mi agradecimiento a Rita M. Gross por sus amables comentarios y aclaraciones a las dudas que surgieron durante la redacción de esta reseña.
Bibliografía:
- - Gross, Rita M. (2005) El budismo después del patriarcado. Historia, análisis y reconstrucción feminista
del budismo, con prólogo de Ana María Schlüter Rodés y traducción de
Fernando Beltrán Llavador. Editorial Trotta (Colección Pliegos de
Oriente):Madrid
Bibliografía complementaria:
-
- Col., Pensamiento y religión en Asia oriental, El Buddhismo,
Barcelona: Editorial UOC
-
Amir-Moezzi, M. A.,Lory, Pierre (2008) Petite Histoire de l’Islam,
Ed. Librio: Paris
- - Gross, Rita M.
(2010) How clinging to Gender Subverts Enlightenment en http://ritamgross.com/HTML/writingsample.html
Webgrafía:
[1] En cierta manera esta propuesta recuerda otro trabajo similar y de gran
peso, La reconstrucción del islam de Muhammad Iqbâl pero sin el enfoque
feminista.
[5] La actual jerarquía iraní de los ayatul·lâh,
hujjatul·lâh e imames es realmente reciente y solo se ha dado en Irán
yendo a la contraria de lo pregonado tradicionalmente por la shi’a de
separar poder y espiritualidad.
[6] Las imágenes no están prohibidas,
han existido y existen actualmente, la cuestión no es que se las considere
incorrectas o heréticas sino que simplemente no hacen falta.
[7] De ritos propiamente dichos solo
podemos hablar del salât o pregaria y de la peregrinación a la Mekka.



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