[…] en este sentido el diálogo tiene un significado propio y
no es posible hacerlo ineficaz o abusar de él como si se tratase de un tipo de
estrategia para el proselitismo. El diálogo requiere de por si una especie de
conversión interior y no puede ser un medio para atraer al otro a nuestro punto
de vista. Busco la verdad e, incluso, puedo creer haber encontrado la verdad en
mi religión. Pero no soy el único que busca la verdad.
[…]
El hombre es homo
loquens. El lenguaje es nuestro don y hablar nuestra misión. Pero las
palabras humanas son algo más que simples señales de nuestro ser o signos
para expresar nuestros conceptos. El mundo es un universo simbólico y el lenguaje
es el órgano humano principal para participar en la viva realidad simbólica de
este universo.
[…]
EL DIÁLOGO ESTÁ VEHICULADO POR EL «LOGOS»
No hay palabra efectiva sin la quarternitas siguiente: quien habla, a quien se habla, de quién se
habla y a través de qué se habla – es decir: sin emisor, receptor, mensaje y medium.
Una palabra es un sonido emitido hacia uno que escucha, para
alguien, sobre alguna cosa. Se podría decir: sujeto, objeto, contenido y
significado, o bien: hombre, consciencia, idea y tema. Queremos concentrarnos aquí en el aspecto
intelectual del logos.
El diálogo es una actividad del logos humano. Tiene que ver con las ideas, los pensamientos, las interpretaciones,
las doctrinas, las visiones y las intuiciones. Cada uno de nosotros es, de
manera más o menos consciente, el vehículo de toda una tradición, el portador
de un mundo entero. El dialogo hace que todo ello sea explicito, para quien es capaz
de captarlo. No solo expresamos nuestras ideas, ni explicamos simplemente lo
que ha ocurrido. El diálogo auténtico lleva en sí el peso y la dignidad de la
tradición del que habla. En el diálogo expreso mis pensamientos, pero estos pensamientos,
aunque sean pensados por mí, revelan un pasado y un ámbito del cual soy muy
poco consciente. Mi interlocutor descubre que vivo y hablo con presupuestos
tácitos. Y nuestro hablar revela también lo que no se dice. Cuando el anciano
acaba su discurso en el palaver de un
poblado africano, el jefe dice: «¡hemos comprendido tanto lo que has dicho como
lo que no has dicho!»
En este punto tendríamos que poner muy en relieve el hecho
de que ningún diálogo auténtico puede prescindir del esfuerzo del concepto (Anstrengung des Begriffes) de Hegel. No
podemos sacrificar la inteligibilidad de las cosas sobre las que estamos tratando.
Seria irresponsable implicarse en el diálogo o sobre cualquier visión religiosa
sin conocerla suficientemente. No puede haber, por ejemplo, un diálogo
provechoso sobre Dios, karman o śūnyatā si nos limitamos a partir de
caricaturas ridículas de estas nociones. Pronunciamos palabras, pero las
palabras tienen su significado – e incluso su poder - …
…. Es “DUALOGO”…
El diálogo requiere el encuentro, y puede pedir también la
confrontación de los dos logoi. “Duálogo”
no quiere decir dos monólogos, sino confiar (sin condescendencia) al otro,
ideas, pensamientos, intuiciones, experiencias – vidas- que realmente se
encuentran, aunque provengan de fuente lejanas y puedan inclusive topar. Ello
pide que el diálogo se lleve a término desde el comienzo en ambas direcciones. Querer
comprender al otro representa únicamente la mitad de la plataforma para un
dialogo autentico….
El Diálogo
indispensable de Raimon Panikkar