miércoles, 21 de octubre de 2020

Un cuento oriental de occidente




Érase una vez un joven discípulo y su anciana maestra. Cada tarde se dirigían a un pequeño riachuelo donde pasaban las horas sentados sin decir nada, solo observando sus aguas. 

Un día el joven discípulo preguntó: 

—Maestra, ¿por qué cada tarde venimos a sentarnos al borde de este riachuelo?

Y la maestra le respondió: 

—Para aprender de sus lecciones. 

El joven abrió los ojos sorprendido y dijo: 

—Pero maestra, ¿Cómo es posible que un rio tan insignificante de lecciones? 

La anciana señaló con la punta de su bastón hacia las tranquilas aguas. 

—Dime, ¿Qué ves reflejado en el agua? 

El joven se asomó al borde del río y vio la imagen de su rostro en él. 

—Me veo a mí— respondió no muy seguro de si aquella debía ser la respuesta correcta. 

—Es decir, que a pesar de no formar parte de él, sus aguas muestran tu imagen fundida en ellas. ¿Sabes por qué? 

Ante el silencio del joven la anciana continuó: 

—Las aguas siguen el curso que el sendero les marca, no oponen resistencia y sólo son los obstáculos externos los que pueden detener su fluir; pero el agua sabe que el tiempo conseguirá erosionar ese obstáculo y finalmente, podrá retomar su camino porque nada es eterno. Las aguas atraviesan miles de lugares y aunque siguen siendo el mismo río ofrecen a la vista paisajes, gentes y cielos distintos sin ocultar nada de lo que a ella se asoma... A todos ofrece por igual generosamente sus aguas. —Pues bien, —continuó el maestro— a ese sendero que sigue fielmente le llamamos Dāo, o la forma natural y espontánea en que la Vida nos hace hacer las cosas; a la paciente (que no pasiva) espera, la llamamos Wú Wéi o acción sin acción y, a la capacidad de poder reflejar todas las cosas, Dé o Virtud porque cuando te miras ante su cristal no es su imagen la que aparece, sino la tuya; así cuando aprendas a ver al otro como si fueras tú, cuando aprendas a considerarlo como un igual, como en el espejo los dos seréis uno, esa es la humanidad que surge de la virtud. Estas son las enseñanzas de los ancianos tras la experiencia que da la vida y la atenta observación de la naturaleza. Por eso, cada tarde nos sentamos al borde de este humilde rio para aprender a ser como él. 


[Autor: Maris Stella Morales]

sábado, 9 de mayo de 2020

Apuntes sobre la caligrafía china - Parte III


Los primeros trazos y su uso




Según la tradición, Cang Jie (2650 a.C) creó los primeros trazos caligráficos inspirado en las huellas que dejaban las aves al caminar.

Este vínculo entre la creación de la escritura (incorporada a las artes adivinatorias en sus orígenes) y la naturaleza, se basa muy probablemente en la importancia de la relación entre cosmos y humanidad de la mitología china, donde el ser humano participa a modo de puente entre lo que hay en el cielo y lo que hay en la tierra.

De este modo, los inicios de la caligrafía se encuentran en el ámbito del rito.

Aquel que podía «leer» los signos de la naturaleza era capaz de conocer el momento oportuno para realizar los actos imprescindibles para la vida, que, en el aquel momento, eran la cosecha y la guerra.




El orden de los trazos en la caligrafía: Los trazos básicos


Yong (Eternidad)



Existen 8 trazos básicos, a partir de los cuales se crean todos los caracteres, pero también la pintura. El primer trazo es  (uno) desde donde surge todo, la Multiplicidad.

El primer trazo, el trazo básico, el trazo inicial de la escritura china es el primero que un calígrafo ha de aprender a dominar, no se trata de un simple trazo hecho con mayor o menor armonía, sino que, según la tradición, simboliza y es el acto que separa y une al mismo tiempo cielo y tierra. También significa «uno» y «Unidad original». De este trazo surgen las mil formas y los mil seres. 


Desde el momento en que el calígrafo reteniendo la respiración, posa la punta del pincel plegada sobre el papel y la despliega en el mismo acto de expiración, simboliza por así decirlo, el big bang del cosmos.












 Los caracteres pueden ser: pictogramas, ideogramas, pictofonéticos, compuestos ,etc.


 


miércoles, 29 de abril de 2020

Apuntes sobre la caligrafía china - Parte II


  1. Introducción geográfica y diversidad étnica y lingüística


Algunos datos básicos sobre la lengua

  Ø  El país se divide en 23 provincias, 5 regiones autónomas, 4 municipios bajo jurisdicción central (o municipalidades), y 2 regiones administrativas especiales.

  Ø  56 etnias confirmadas

  Ø  8 grupos lingüísticos distintos. Además del chino mandarín o Hàn Yŭ, hablado por 850 millones de personas, otros idiomas relevantes por importancia demográfica son: el idioma Wu (77 millones), el idioma Min (70 millones) y el idioma Cantonés (71 millones en el mundo). El cantonés estándar se mantiene como una de las lenguas oficiales de Hong Kong (junto con el inglés) y de Macao (junto con el portugués). El idioma Min (60 millones) propio del sur, parte del grupo lingüístico Min, es ampliamente hablado en el sur de Fujian, Taiwán y el Sureste de Asiático.





2. Contexto histórico y filosófico

Tanto el Dàoísmo como el Confucionismo se basan en el concepto de Dào, como camino y forma en que las cosas se suceden, en armonía entre unas y otras. Según el pensamiento de Kong Fu Zi, el dào se consigue gracias a la virtud y al estudio, virtud en las relaciones de las cosas y en las relaciones entre los seres humanos. Unas relaciones que también se encuentran jerarquizadas.

Para el Dàoísmo, el dào es el hecho mismo de estar en el camino, sin fin u objetivo. La diferencia entre ambos radica en el justo equilibrio (zhōng), así como el confucionismo valora «el medio», es decir, el lugar que ocupa cada cosa y el Dàoísmo valora «el centro mismo», es decir, el origen.

En una época teñida de violencia, (recordemos que se encuentran en plena época de los Reinos Combatientes 475 aC – 221 aC), el Dàoísmo enseñaba que, ya que la fuerza acaba siempre volviéndose contra sí misma, siempre es preferible la «no acción» o «sin acción» (wú wéi 無為); o dicho en otras palabras, dejar reflejar en uno mismo el devenir de la naturaleza sin forzarla; por su parte para el confucianismo, la moralidad (sin connotaciones religiosas) es la medida a través de la cual las acciones se justifican como buenas o malas mientras que el Dàoísmo ni justifica ni no justifica, ya  que la moralidad puede ser utilizada hipócritamente para justificar actos negativos.

Desde el siglo IV a.C. las enseñanzas de los maestros Kong (Confucio), Zhuang Zi y Lao Zi marcarán profundamente el pensamiento chino. Del confucianismo surgirá la importancia didáctica de la poesía y, por ende, el uso de la caligrafía, como expresión de los sentimientos, «Corazón correcto, pincel correcto». Por otra parte, el Dàoísmo acercará el artista a la naturaleza en búsqueda de la armonía y equilibrio de esta.

En cuanto al buddhismo, introducido en China en el s. III-VI dC por Boddhidharma según cuenta la tradición, y en plena crisis de sistemas y valores, arraigará en el pensamiento chino tras una división entre buddhismo del norte de China y buddhismo del sur de China, bajo la forma llamada chán, aportando un nuevo modo de concebir la existencia. En el ámbito artístico —a parte de la representación pictórica devocional—, la idea de vacuidad o vacío (en su lenguaje poético) será entendida por los poetas como la inspiración fulgurante.