martes, 19 de enero de 2016

HOMENAJE A RITA M. GROSS

Rita M. Gross (1943-2015) es una autora de referencia para las mujeres y los hombres que trabajan para la equidad de género en el budismo. Sus investigaciones y libros, como El budismo después del patriarcado, han colaborado a dar una nueva dirección en la comprensión, a la luz del feminismo, de las varias facetas de la doctrina, la práctica y la cultura budistas. Rita M. Gross nos deja un legado de liberación tanto para las mujeres como para los hombres, y tanto en Occidente como en Oriente.


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Profesora en la Universidad de Wisconsin-Eau Claire (Estados Unidos), Rita M. Gross fue una destacada estudiosa del budismo desde una perspectiva comparada. Presidió la Sociedad de Estudios Budista-Cristianos y participó en el diálogo cristiano-budista durante veinticinco años como representante de la corriente vajrayana y del budismo tibetano en general. En nuestro país, participó en el IV Parlamento de las Religiones del Mundo que tuvo lugar en Barcelona en julio de 2004 y en un Simposio sobre Educación Interreligiosa que dirigió Raimon Panikkar.

Recomendamos encarecidamente la lectura en profundidad del libro El budismo después del patriarcado. Historia, análisis y reconstrucción feminista del budismo, publicado por la Editorial Trotta el 2005. Compartimos aquí algunos fragmentos:

“Masculino” y “femenino”, como tantas otras etiquetas o denominaciones, son fórmulas vacías y carecen de realidad sustancial. Así pues, no pueden usarse de una forma rígida e inflexible para delimitar a las personas. […] La masculinidad y la feminidad no existen como formas inherentes o fijas, sino sólo como fórmulas convenientes para designar a las cosas y como meras representaciones. […] En rigor, no es posible hallar la existencia de rasgos intrínsecos propiamente genéricos; así pues, éstos no pueden usarse como base para la discriminación.


El hecho de que los gurus y maestros casi siempre sean hombres es completamente androcéntrico y empobrece a las mujeres hasta reducirlas a la impotencia, de forma muy similar al efecto que ejerce el monopolio masculino sobre las imágenes de la divinidad en el marco del monoteísmo. La falta de presencia femenina en las súplicas del linaje, sobre las ramas del árbol de refugio y en el trono de enseñanza desde el que enseñan los maestros vivos, refuerza y testimonia el hecho de que la condición femenina es algo de lo que avergonzarse en el patriarcado. Constituye una prueba fehaciente de que las instituciones budistas no respetan ni nutren al embrión búdico que se halla presente en las mujeres de la misma manera que al que se encuentra en los hombres. Por lo tanto, el cultivo deliberado de gurus y enseñantes femeninas es un asunto crítico y constituye la mayor prioridad para poder alumbrar un verdadero budismo postpatriarcal. Esto vale de la misma manera para aquellas formas de budismo que no reverencien al guru tan formalmente, porque el maestro siempre ocupa un papel central en la transmisión del budismo de generación en generación.


Ciertamente, no me resigno a aceptar el estado de cosas que caracteriza a una gran parte del mundo budista en relación con las cuestiones de género. Si tuviera que ser una mujer budista bajo las condiciones que existen en muchas partes de ese mundo, el budismo no habría sido la religión de mi elección. Tan sólo una coincidencia auspiciosa entre budismo y feminismo, centrales a mi visión, me permite proseguir un diálogo interno entre ambos. Ese diálogo interno ha ocasionado una transformación mutua. La voz profética, a partir de enseñanzas más tempranas en las modalidades occidentales del espíritu, irrumpe de forma nítida y sonora en mis comentarios budistas sobre las mujeres. Todavía más, permitirse usar la voz profética en el discurso budista quizás constituya la mayor, la más necesaria y la más útil herramienta para un feminismo budista.
Al mismo tiempo, la transformación mutua también procede del otro lado, porque la práctica budista de la meditación y el énfasis budista en la gentileza, sin duda contribuyen a modular la voz profética, que a veces puede resultar un tanto estridente en un proclamación de intuiciones y verdades muy valiosas. Tal vez podamos concebir el maridaje de la compasión y la justicia en la ética social, así como la adopción de un enfoque a la vez amable en sus formas pero vigorosamente activo en el momento de abordar las cuestiones de los privilegios, la jerarquía y la desigualdad de género.

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Muchas gracias, Rita M. Gross, por tu aportación maravillosa.
Nuestro deseo es continuar trabajando en este camino hacia la liberación de todos los seres, sea cual sea su género e identidad, manteniéndonos firmemente comprometidas, como tú, con la práctica y la acción social.


https://sakyadhitaspain.wordpress.com/recursos/investigadoras/homenaje-rita-gross/

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