Hace unos días, con la radio puesta y sentada en mi pequeño despacho de casa, rodeada de papeles de todo tipo sobre la mesa y por el perfume de un viejo incienso comprado en Kyōto; oigo con sorpresa -
agradable sorpresa - una canción japonesa que, hasta entonces, creía que
no volvería a escuchar.
Ayer justamente, mientras
pedaleaba en la estática del gimnasio, comenzó a sonar en la emisora japonesa que suelo
captar con mi i-phone, esa misma canción. El corazón me dio un brinco de
alegría. ¡Cuantos años desde la ultima vez que escuché aquella cassette que
desapareció un día, como desaparecieron algunos sueños de juventud..!
A toda prisa intenté grabarla; pero mi torpeza con los artilugios de la nueva era
tecnológica me jugó una mala pasada: se acabó la canción y yo sin conseguir poner
en marcha la bendita grabadora. Me supo mal, esa canción simple y romanticona
estaba relacionada con bellos recuerdos, divertidas anécdotas, antiguos
compañeros y con tantos planes preñados de la impulsividad y temeridad de otrora...
Hoy, mientras hacía limpieza de trastos, descubrí una vieja caja llena de cintas
cubiertas de polvo. Entre ellas, dos con canciones que empleaba para estudiar la
lengua de “El país del Sol naciente”. Las recuperé y tras limpiarlas con cariño
del polvo acumulado, las introduje en mi radio-cassette y, con la mente algo dispersa (como mis papeles) dejé que sus notas fueran
resonando mientras las escuchaba con una sonrisa en los labios.
Aquella cinta que creía perdida solamente había quedado olvidada en un rincón de mi pequeño
despacho, como suele pasar con nuestras pequeñas e ingenuas
great expectations.

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