Es necesario haber visto evolucionar sobre una escena el grupo de bailarines dirigidos por Maurice Béjart para comprender la fuerza de lo creado y las profundas repercusiones que puede tener sobre cada uno de los espectadores. El coreógrafo sabe dirigir las consciencias hacia la metamorfosis, hacia la conmoción del alma del público y cada ballet que él dirige es una revelación.
Entrada de artistas del Palacio de Congresos donde los bailarines japoneses, dirigidos por Béjart, darán esta noche una actuación. Llega el maestro, con paso rápido. Yo me encuentro de este modo de cara a esta mirada singular, mil veces captada por los fotógrafos. Es evidente que Béjart está más intimidado que yo. Siento enseguida su autenticidad, su total ausencia de afectación. Le han explicado mi proyecto de entrevista centrado en su itinerario interior. Mi interlocutor desafía las entrevistas con pretensiones metafísicas. Me las tengo que ver con un hombre muy púdico, poco preocupado de hablar demasiado de aquello que considera importante vivir. Intercambiamos algunas palabras, nos miramos. Intento asegurarle de que no le “traicionaré”, a lo que replica que yo no podría evitar traicionarle” : yo veré “mi” Béjart, extenderé sobre el papel mi percepción de nuestra entrevista. Debo reconocer que tiene razón. Una o dos palabras más, nuevamente nuestras miradas se cruzan.
Es sí. El encuentro tiene lugar en su casa, en Suiza.
Una mañana en Lausanne
La plaza Ripone está casi desierta esta mañana, mientras que penetro en un edificio señorial. Al golpe de campana, la puerta se abre, vuelvo a encontrar la verde mirada. A penas franquear la puerta, ya no me encuentro en Suiza, sino en Japón. Un fuerte olor a incienso impregna este gran apartamento, tan despojado que podría ser de un letrado de Tôkyo. Todo el lugar está impregnado de una atmósfera meditativa. Mi huésped me confiará más tarde que no le gusta hablar tan temprano. Al medio día le veremos sentado ante el inmenso espejo donde se refleja el grupo que ensaya y tiene la costumbre de consagrar la mañana al silencio. Le estoy muy agradecido por el tiempo y energía que me quiera prestar.
Alcanzamos una escalera para llegar a su habitación donde nos sentaremos en tierra sobre cojines. De principio al fin de la reunión, Béjart tendrá cerca suyo el Tratado del Amor de Ibn ‘Arabi, publicado en formato bolsillo por la colección “Spiritualités Vivantes”.
Comenzando la conversación, siento que necesito desprenderme de las preguntas preparadas para estar muy atento a la escucha.